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domingo, 16 de julio de 2017

EL MUNDO CAPITALISTA ES UNA FINCA AMURALLADA

Palabras del Subcomandante Insurgente Moisés, miércoles 12 de abril de 2017.

Buenas noches, buenas tardes, buenos días, según adónde nos escuchan.

Hermanos, hermanas, compañeros, compañeras:

Lo que les voy a platicar no es lo que creo, sino lo que nos platicaron nuestros bisabuelos y abuelos y bisabuelas y abuelas.

Platiqué con uno de nuestros bisabuelos que, él dice, que tiene 140 años. Según yo, mi cálculo, por ahí de los 125 años. Tiene uno que estar ya muy pegado en el oído, para que te escucha lo que le preguntas.

Más o menos como veinte y tantos, entre bisabuelos y bisabuelas, que platiqué con ellos. Les estuvimos preguntando –porque estaban ahí compañeros del Comité Clandestino también— y, entonces, resulta que la parte que como estaba diciendo el Sub Galeano, viene una parte real de lo que nos platicaron ellos y ellas.

Por ejemplo, la teja que le hacían antes a los finqueros –o sea los dueños de las haciendas, los hacendados, el patrón como dicen ellos–, tienen por tarea que tienen que entrar costales de excremento del caballo. Y eso lo secan. Después de haber secado, los hacen polvo con un garrote de palo, los abollan. Y para eso, entonces, lo mezclan con el lodo para hacer la teja, para hacer los ladrillos o los adobes con los que se les construyó su casa a los patrones, los hacendados.

El bisabuelo dice que él se acuerda, porque es por tarea. Tarea quiere decir que tienen que entregar tantos costales cada uno de ellos. Lo que hacían es que aun cuando hace ratito había deshecho el caballo, la tienen que traer, escurriendo el agua en sus espaldas. La cosa es que es de entregar los costales de tarea que pide el patrón.

Entonces, aprendieron de ahí también para hacer sus casitas de ellos. Igual los usaron. Le dicen pared de lodo, bajareque, se le dice. Entonces, igual aprendieron pues ellos, pero es más chiquito, de doble.

Entonces, lo que les voy a platicar más es de ahí de donde viene la idea nuestra, como zapatistas que somos, que vemos y lo estudiamos cómo es que estamos ahora de los que nos explotan. Entonces, en resumido se los voy a decir porque eso es lo que nos va a ayudar a entender lo que pasó antes y cómo estamos hoy, y cómo será que seguirá.

Entonces, dicen nuestros abuelos, bisabuelos, bisabuelas y abuelas: el patrón es el dueño de las fincas, muchas fincas, muchas haciendas. Todos los patrones tienen sus caporales, sus mayordomos y sus capataces. Esos tres, cuatro con el patrón.

Nos cuentan que de las fincas hay de 15 mil, de 20 mil y de 25 mil hectáreas. Y que hay fincas de diferentes trabajos. Hay fincas, es un solo trabajo, cafetalera. Y hay fincas que son cafetalera, ganadería, de maíz, de frijol, de caña… diferentes trabajos pues.

Nos cuentan también su modo de cómo explotar. Nos cuentan de que hay finqueros, terratenientes o latifundistas que nunca les pagaron nada. Todo el tiempo de su vida se lo entregaron al trabajo. Otros nos cuentan que sólo el día domingo se lo daban para ellos; todos los demás días son para el patrón. Nos cuentan otros que les daban una semana para el patrón y una semana para ellos. Es una maña, es un truco, porque –nos cuentan– de que esa semana que supuestamente es para ellos, nuestros bisabuelos y bisabuelas, nos cuentan de que de lo que cosechan, de lo que encuentran esa semana (ya sea frijol, maíz, algunos animalitos que van juntando), a la hora de que venden tienen que darle la mitad al patrón y les queda pues la otra mitad.

Nos cuentan de que cuando el patrón quiere ver si está completo su ganado, tienen que ir a traerlo, acarreando pues los animales y encorralarlos. Nos cuentan de que, entonces, si falta alguno de sus animales del patrón, tienen que salir a buscarlo los encargados y tienen que entregarlo vivo o muerto. ¿Cómo pide el patrón, o sea el terrateniente, de que lo comprueba que está muerto? Tiene que traerle el pedazo del cuero, para que entonces el patrón se dé cuenta de que sí está muerto ya su animal. Si no los encuentran, tienen que buscarlos hasta que los encuentran ya sean vivos o muertos.

Y el patrón, cuando los saca a vender, entonces los organiza por grupos a los trabajadores, llevando tantas cabezas de animal. Ya sea de diez, veinte personas, hombres, con tantas cabezas de animal que tienen que llevar. El patrón los cuenta antes de salir y el patrón los cuenta al recibir donde quiere que llegue el animal. Cada persona tiene que entregar completo. Si no lo entrega completo, ellos lo tienen que pagar o el que está encargado.

Nos cuentan que el corral, cuando el patrón así lo quiere, es hecho de piedra, el corral. Y si no, es con madera labrada con hacha. Y dicen que tiene que ser madera de puro corazón. Quiere decir que es lo más duro de la madera, para que no se pudra luego. Entonces, no aceptan que sea tierno. El patrón no los recibe.

Nos cuentan también que cuando saca a vender a los puercos (no el patrón, sino el animal: los cuches, los marranos pues), igual lo hace como con el ganado. Nada más que ahí sí hay diferencia, dicen los abuelos y los bisabuelos. Dicen que tienen que llevar la partida en la noche, porque sienten calor los marranos. Entonces, su lámpara, su foco, como decimos nosotros, es el ocote. Llevan tercios de ocote para que sea su lámpara para caminar de noche. Igual, con cantidades de puercos de cada encargado. Y si es que entonces quieren avanzar de día, tienen que llevar cargando el agua para mojar a los marranos, o sea, para enfriarlos para que no sufran el calor.

Nos cuentan que las mujeres, las abuelas y las bisabuelas nos cuentan de que el patrón tiene su forma de cómo quiere. Por ejemplo, dicen las abuelas y las bisabuelas que cuando es trabajo fuerte tienen que ir las mujeres casadas. ¿Cuál es su trabajo? Moler café, moler sal por bultos. Y entonces nos cuentan que ahí van las mamás con sus hijos y para moler la sal tiene que ser con el metate de piedra. Y ahí están los caporales, los mayordomos y los capataces, y la patrona y el patrón. Ahí llevan su bebé y no dejan que atienda al bebé que está en su espalda llore y llore y llore, porque está ahí el patrón y ella tiene que sacar su tarea. Entonces, hasta que al patrón o la patrona se le viene su gana de ir al baño, es cuando aprovecha la mamá para amamantar a su hijo.

Nos cuentan que el patrón pide de que se vayan puras muchachas para atender ahí en su casa en la hacienda, para diferentes trabajos. Pero una de sus mañas del patrón es que escoge a una muchacha y le dice: “tú, quiero que vayas a tenderme la recámara”, las cobijas. Y a la hora que entra la muchacha, ahí va también el patrón a violarla. Pero, entonces, las escoge. Y nos cuentan también que si quiere, las agarra.

Nos cuentan también eso que ya les dije de que están moliendo el café, de que están moliendo la sal, la paga que le daba el patrón eran tres pedazos de carne de res, pero de las que están muertas. Ésa es la paga.

Nos cuentan también que a los niños también les dan trabajo. Nadie se salva de eso. Le dicen “portero”, pero no el portero de fútbol sino así le pusieron el nombre pues “portero”. Su trabajo de esos niños de seis años es moler el nixtamal sin calidra, que es para los perros, los puercos y los pollos. Terminando eso tienen que cargar agua, que muchas veces lo hicieron en sus espaldas con un barril, dicen. El barril es de madera que se le saca, se le hace un hueco, un hoyo, lo perforan pues. De 18 a veinte litros caben en ese barril. Es lo que tienen que cargar los niños, para que el patrón lave sus manos, la use para bañarse, para lo que quiera pues. Terminando eso, se encargan de traer leña. Terminando de traer leña, se encargan de desgranar el maíz.

Nos cuentan también que los viejitos, los que ya no pueden trabajar en el campo, las viejitas… nadie se salva. Los viejitos van a ir a traer una planta que le llamamos “ixchte”. Entonces, de lo que se encargan los viejitos es de rasparla para que salga el hilo. Un grupo se encarga de esto, de rasparlo. Y otro grupo de los viejitos se encarga de hacerlo hilo, en lazo. Y otro grupo de los viejitos se encarga de hacer las redes. Así está pues en serie el trabajo de los viejitos. ¿Y las viejitas? Un grupo se encarga de deshilachar el algodón. Y otro grupo se encarga de hacerlo en hilo y otro grupo se encarga de tejerlo para hacer manta. Y ese pedazo de manta que es la que después compran nuestros bisabuelos, nuestras bisabuelas, para taparse. Nos cuentan que la ropa que usaron era nada más para taparse la parte principal, nada más, no es así como estamos ahora.

Nos cuentan del castigo. El castigo, tienen de varias maneras. Una es que el patrón desde antes tiene revuelto el maíz con el frijol. Entonces, el patrón lo que hace es que los riega ahí en la tierra y te dice que tienes que separar el maíz y el frijol. Sabe –así nos cuentan— el patrón que no vas a poder. Porque además te da el tiempo. Y el tiempo que te da el patrón, dice: “yo voy a escupir, en el tiempo que se seca mi saliva, es el tiempo en que quiero que separes el maíz revuelto con el frijol”. Pues ¿uno cómo le va a hacer?

Entonces, como uno no puede con ese tipo de castigo, ahí al lado está preparado el terreno, donde tiene juntado el patrón piedritas. Ahí en ese lugar es donde uno se va a hincar, porque no pudiste separar el frijol revuelto con el maíz. Ahí vas a hincarte. Y no tienes que levantarte hasta el momento en que se le antoja al patrón. Si es que te levantas, es que no estás aceptando tu castigo. Entonces, si tú aguantas eso, entonces ahí es donde viene el chicote. Lo voy a decir tal cual como dijeron los abuelos. Dijeron de que entonces el patrón, cuando se les moría un toro, le sacaban la verga del toro y la secaban y ésa es la que usan para chicotear a sus trabajadores. Entonces, a la hora de que estás hincado ahí, viene el patrón a chicotearte y no tienes que levantarte, porque dicen –nos cuentan— que si te levantas, te va peor. Y dicen –nos cuentan— que tienes que levantarte por el dolor del chicote que te están dando y por el dolor de las rodillas que ya no aguantas y tienes que levantarte.

Y a la hora que te levantas, ahí están ya los caporales, los mayordomos y los capataces que son los que te agarran y te amarran las dos manos y los pies a las vigas de la casa hasta que al patrón se le acaba su gana de chicotear o hasta cuando se dan cuenta de que –como dicen los abuelos— queda uno mallugado. Eso quiere decir que te quedas desmayado, inconsciente ya. Entonces, hasta ahí te deja ya el patrón.

Nos cuentan que los trabajos que se hacen todo es por tarea. No hay nada que no sea por tarea lo que se hace. Y todo con los caporales, con los mayordomos y con los capataces. Nos cuentan por ejemplo del cafetal. Cuando es tiempo del corte del café, todos y todas y es por tarea la cantidad que tienes que entregar. Y los niños que no pueden, no alcanzan pues las matas del café donde está el grano, su trabajo es levantar todo lo que está caído. Cuando ya no es tiempo de cosecha del café, vienen los distintos trabajos: un grupo se encarga de limpiar el cafetal, o sea, el monte; otro grupo se encarga de lo que le dicen “encajado”, o sea, a cada mata de café tienen que hacerle un cajón donde le van a poner el abono; otro grupo se encarga de la limpiada de la mata del café, porque la mata tiene montecitos en su tallo y entonces tienen que quitarlos todos. Y dicen nuestros abuelos y bisabuelos –nos cuentan— de que la mano no puede, entonces, lo que hacen es que queman el olote del maíz, porque sale como su filito a la hora que se quema y con eso lo tallan, porque pasa el capataz a checar si queda bien. Y si no, tienes que volver. Y si no, al castigo.

Nos cuentan también que otro grupo se encarga de podar el café; no deben de estar bejucos ni montes en la mata del café. Nos cuentan también que hay otro grupo de “desombrada”, le dicen. O sea que si hay árboles arriba, tienen que quitar la sombra; sólo lo necesario, como dice el patrón.

Nos cuentan también de que en todas las fincas que hubo, que hay –porque sigue habiendo todavía— siempre está ahí la ermita, le dicen. Entonces, a la hora de que se van a su rezo, en esas sillas y bancas que hay ahí en ella no pueden sentarse nuestros bisabuelos. Si es que entonces están sentados ahí, los sacan a empujones. Y el sacerdote ahí lo está mirando; no dice nada. Sólo se sientan ahí los que son patrones o los que son mestizos. Y si quieren sentarse ellos, es el piso.

En las ciudades –nos cuentan– no permiten de que van a ir a vender lo poco de lo que tienen nuestros bisabuelos, nuestras bisabuelas. Nos cuentan de que es porque la ponen fea la ciudad. No permiten que se vayan en el centro. Entonces lo que hacen los mestizos es que tapan la orillada de la ciudad. Ahí les quitan todo cuando quieren hacerlo y si no les pagan lo que ellos quieren.

Nos cuentan los bisabuelos que en esos tiempos no existe carretera, mas que carreta con caballo. Entonces, cuando su mujer del patrón quiere ir a la hacienda, a la finca, no usa el caballo con la carreta, que porque “el animal es animal, no piensa”. Puede sufrir un accidente su mujer del patrón. Entonces, lo que hacen, igual: un grupo se van a la ciudad a traer cargando a su mujer del patrón. Pero aparte tienen que traer mercancía, entonces, se va un grupo y se turnan pues la carga. Y llegando en la hacienda, en la finca, se le pregunta a la mujer si no le pasó nada. Y aparte le preguntan a los que fueron de cargadores si es que no hubo algún accidente. Así para llegar y así para el regreso.

Así un montón de cosas más que nos contaron. Por ejemplo, ahí nos mostraron el centavo que les pagaban antes. Nos cuentan que cuando el patrón empezó a querer pagar un poco, que ganaban un centavo al día. Nos mostraron. Nos dijeron también de que ya no aguantaban los maltratos que les hacían. Dicen que, entonces, trataron de organizarse, de buscar tierra a donde ir a vivir. Entonces, los patrones, los terratenientes llegan a saber de que se escapan de la finca y empiezan a investigar a dónde fueron. Y nos cuentan los bisabuelos de que entonces son los mismos patrones que se disfrazan de ser soldados. Ellos van a ir entonces a desalojar, a destruir, a quemar, pues la casita que están construyendo, donde quieren vivir los bisabuelos y las bisabuelas.

Nos cuentan que así les pasó. Y es ahí donde le descubrieron que el patrón –porque uno de los bisabuelos había pasado en varias fincas ya— estaba disfrazado de soldado. Y nos cuentan de que les destruyeron las chocitas que tienen y los reunió a los que fueron a hacer el poblado y les dijeron: “¿quién encabezó esto?” Así dijeron los soldados: “¿quién encabezó esto? Si ustedes no van a decir quién lo encabezó, todos ustedes van a tener que ser castigados”. Entonces, ahí fue donde dijeron: “fulano de tal”, el que encabezó de huirse de la finca, de buscar dónde vivir. Entonces le dijeron: “vas a pagar 50 pesos”. Y nos cuentan de que para encontrar 50 pesos –el año les dije porque está diciendo el bisabuelo que tiene 140 años, quiere decir que 140 años atrás de hoy que estamos hablando–, entonces, nos dicen que para encontrar 50 pesos tiene que ser un año para encontrar 50 pesos.

Entonces se dieron cuenta de que está difícil de que alguien quiere encabezar para poder salvarse del sufrimiento. Pero también nos contaron de que entonces se dieron cuenta de que está así, entonces, lo que hicieron fue no decir quién fue, sino el grupo. Volvieron a construir… a buscar otro terreno pues y a construir sus casitas, pero ahora sí, todos son ellos los que se dirigieron. Nadie más de que alguien fue quien encabezó. O sea, se pasaron de colectivo. Es así como empezaron a lograr dónde vivir.

Entonces, ¿por qué estamos platicando esto? Nosotras, nosotros, las, los zapatistas vemos que hoy estamos entrando de nuevo en esto. En el capitalismo hoy no existen países. Así lo vemos. Lo va a convertir en finca al mundo. Los va a hacer en pedazos como de por sí así está, que decimos que el país México, el país Guatemala –como decimos–. Pero va a ser un grupo nada más de patrones-gobierno. Todos esos que dicen que es gobierno de Peña Nieto… Nah, nah… decimos nosotros. No es gobierno ya. Porque el que manda ya no es el que manda. El que manda son el patrón capitalista. Esos gobiernos que se dicen: el de Peña Nieto, el de Guatemala, que el de El Salvador y todo lo demás son capataces. Los mayordomos: los gobernadores. Los presidentes municipales son los caporales. Todo está al servicio del capitalismo.

Vemos de que entonces no se necesita mucho que estudiar de cómo darse cuenta de cómo está. Porque entonces, por ejemplo, esa ley, esa nueva ley de la estructura, nueva ley estructural que hicieron ya aquí en México, nosotros no lo creemos que son que lo hicieron los diputados y los senadores. No lo tragamos nosotros eso. Eso lo dictó el patrón: el capitalismo. Porque ellos son los que quieren hacer de nuevo, como lo hicieron sus tatarabuelos de ésos también. Pero ahora sí más peor.

Por eso hablamos en el principio de eso. Estamos hablando de que, por ejemplo, Absalón Castellanos Domínguez, el ex general, tenía fincas aquí en Chiapas y tenía finca o tiene finca en Oaxaca. Estamos hablando de 5 mil, de 10 mil hectáreas. Aquí, el capitalismo ahora, una finca, cuando el patrón capitalista dice: “voy en mi finca la mexicana, voy en mi finca la guatemalteca, voy en mi finca la haitiana, voy en mi finca la costarricense… todos los que son países capitalistas subdesarrollados va a ser la finca.

Quiere decir que el mundo lo va a hacer en finca el capitalismo, el patrón, el que quiere gobernar, la que quiere gobernar, si es que lo vamos a permitir. Y nuestra pregunta de ahí nosotros, nosotras, zapatistas: ¿por qué ellos –o sea los capitalistas–, por qué ellos sí cambian de cómo hacer la explotación? ¿Por qué nosotros no cambiamos de cómo luchar para salvarnos en esto?

Por eso les platiqué qué hicieron nuestros bisabuelos, a donde venimos los indígenas. Nos dijeron eso de que entonces fallaron cuando dijeron eso de que “fulano de tal nos dirigió”. Pero no dejaron. Buscaron una forma de seguir luchando para salir de donde está el patrón, y dijeron: “nadie nos dirigió”, “todos somos nosotros”.

Entonces, ¿por qué nosotros ahora? Porque el capitalismo ahora ya no sólo nosotros los que somos indígenas estamos sufriendo aquí en el mundo. Estamos sufriendo, ahora sí, del campo y de la ciudad. Es decir, indígenas y no indígenas. Entonces, ¿qué vamos a hacer?

Acá nosotros, las, los zapatistas que vivimos así pues ¡en la mierda del capitalismo! Que aún estamos luchando, que seguimos luchando y vamos a seguir luchando… Chiquito como estamos, pero estamos mostrando de que entonces –como nos enseñaron los bisabuelos— de que sí hay forma de cómo. Estamos con nuestra chiquita libertad. Falta pues que liberemos a México. Pero decimos que pues, entonces, ¿cómo nos vamos a liberar en el mundo?

Pero aquí, en este pedacito de mundo, en Chiapas, tienen su libertad los compañeros y las compañeras para lo que se les antoje hacer. Tienen en sus manos todo lo que significa el ser autónomo, independiente.

Pero, ¿cómo vamos a hacer?, ¿qué vamos a hacer? Porque ahora vemos eso que estamos diciendo de que el mundo se va a convertir, quiere convertirlo en su finca el capitalismo.

Entonces, ahí lo ven, ahí lo piensan, ahí lo analizan. Véanlo en donde viven, en donde están, si no están ahí en la mierda del capitalismo y qué hacer ahí con eso. Porque eso es lo que está haciendo el capitalismo ahora.


Y va a seguir su palabra el Subcomandante Insurgente Galeano.


¡TODO EL PODER AL PUEBLO!

KAGEMUSHA: ABRIL TAMBIÉN ES MAÑANA.

12 de abril del 2017.

Hace unos meses, el Subcomandante Insurgente Moisés me dijo una síntesis de lo que ahora les ha contado a ustedes con más extensión y sustento.

  Tal vez sin proponérselo, había él detectado una línea de tensión entre el pasado y la tormenta que ya está.

  Esa madrugada, después de escuchar las historias que, en voz del SupMoy, contaron los más antiguos de nuestros compañeros, regresé a mi champa.  De todas formas una lluvia, fuera de temporada, comenzaba a azotar el techo de lámina y era ya imposible escuchar nada que no fuera la tormenta.

  Volví a hurgar en el baúl que me encargó el SupMarcos porque me pareció haber visto un texto que algo podría referir a lo que acababa de escuchar.

  Revisar esos escritos no es fácil, créanme.  La mayoría de los textos que se amontonan con desorden dentro del recipiente van del año 1983 al primero de enero de 1994, y, cuando menos hasta 1992, se ve que el Sup no sólo no tenía computadora, tampoco una máquina de escribir mecánica.  Así que los textos están manuscritos en hojas de todos los tamaños.  La letra del finado distaba de ser legible de por sí, así que agregue usted a eso la mella del tiempo en la montaña, la humedad y las manchas y quemaduras de tabaco.

  Hay ahí de todo.  Por ejemplo, encontré el original manuscrito de las órdenes operativas para las distintas unidades militares zapatistas la víspera del alzamiento.  No sólo vienen las plantillas de las unidades, también cada operación detallada con una minuciosidad que devela una preparación de años.

  No son ésos los apuntes de un poeta extraviado en las montañas del sureste mexicano, o de un contador de historias.  Son escritos de un soldado.  No, más bien de un mando militar.

  Pero sí, abundan y redundan también cuentos e historias, hay muy pocos poemas y contados son los análisis políticos y económicos.

  Bueno, más que análisis, se trata de esquemas y temas como punteados, como si fueran a ser desarrollados luego, o completados, o corregidos.  He identificado varios de ellos con algunos que fueron hechos públicos luego, aunque ya pulidos.

  Pero no es eso lo que busco.  Las historias que recabó el SupMoy me recordaron que algo había, en este montón desordenado de papeles e ideas, sobre la genealogía de la lucha anticapitalista.

  Aquí está.  Éste si es de después del inicio de la guerra porque está impreso y la tipografía es la de un procesador de textos.

  Por lo que dice, debe haber sido escrito hace unos 20 años, cuando los zapatistas hicieron públicos algunos análisis más profundos sobre lo que acontecía y lo que preveían seguiría después.  Bueno, al menos las primeras líneas, porque algo parece que es de un período posterior.

  El texto tiene un título desconcertante pero que se acomoda conforme se avanza en la lectura.  Se llama “Abril también es mañana”  Y le siguen lo que parecen puntos a desarrollar, aunque incompletos en ese momento.

  La mayoría de los planteamientos aparecieron ya desarrollados en textos que fueron hechos públicos alrededor de los años 1996-1997, así que no los aburriré de nuevo repitiéndolos.  Los principales han sido agrupados ahora en un libro llamado “Escritos sobre la guerra y la economía política”, elaborado por la editorial “Pensamiento Crítico Ediciones”.  Si alguien le interesa conocer más sobre eso, este libro podría servirle.  O puede consultar también la página electrónica de Enlace Zapatista.

  La parte que me interesa mostrarles no aparece en ninguno de esos escritos públicos y, aunque medianamente desarrollada en su redacción, se alcanzan a vislumbrar en ella una serie de reflexiones sobre la ciencia social, es decir, la economía política, así como sobre el añejo y actual reto de la teoría y la práctica.

  Les leo:

            .- Las etapas posibles del capitalismo.  Más que en una definición científica, el planteamiento de que el imperialismo era una fase superior del capitalismo, se convirtió en un plan de acción para las luchas en todo el mundo.  De ser “una fase superior”, se concluyó que el imperialismo era “la última fase” del capitalismo.

            .- Sobre esa base se estableció una especie de división internacional no del trabajo sino de la lucha anticapitalista.  En los llamados países del Tercer Mundo, que no contaban con una industria desarrollada y, por lo tanto, carecían de una clase obrera sólida, la lucha por el socialismo debía pasar por una lucha nacionalista, antiimperialista, y anticolonial, y sólo así podrían aspirar a ser “anticapitalistas”.  Se establece que la lucha contra el capitalismo y por el socialismo pasa necesariamente por la lucha por la liberación nacional.  Eso al menos en los llamados países del tercer mundo.  Para poder transitar al socialismo, las naciones debían librarse primero del yugo neocolonial, el impuesto por el imperialismo norteamericano en ese caso.  No era posible la construcción del socialismo en un solo país, mucho menos si el país era uno subdesarrollado.  La revolución socialista o era mundial o no lo era.  El análisis científico se convirtió entonces en una especie de comando central de la revolución mundial y se instaló en la URSS.  De ahí partían las estrategias y tácticas para las luchas anticapitalistas en todo el mundo.  Quien acataba las órdenes, recibía el beneplácito de la “vanguardia” mundial.  Para quien no, para quien pretendía construir su propio camino, es decir, su propia lucha, había la condena, el ostracismo y la etiqueta de moda para descalificar.

  La ciencia de la historia, la economía política, dejó de ser ciencia y abandonó el análisis científico, supliéndolo por la consigna.  Si la realidad no coincidía con la visión del Comité Central, la realidad era catalogada como reaccionaria, pequeño burguesa, divisionista, revisionista, y muchos “istas” semejantes.  El pensamiento crítico pasó del análisis a la justificación,  y los tropiezos y errores se cubrieron con la coartada del enfrentamiento con el imperialismo norteamericano.  El simplismo de un mundo bipolar invadió a la ciencia social y, al igual que las fuerzas políticas y los gobiernos, tomó partido por uno de los dos grandes y únicos contendientes.  La inteligencia fue derrotada y la mediocridad se instaló cómodamente.

            .- Mediando el siglo XX, todos estaban contentos y tranquilos.  El mal llamado “bloque socialista” se enfrascaba en lo que nosotros llamamos la tercera guerra mundial.  En Asia, África y particularmente en América Latina, las luchas transcurrían sin mayor relevancia para esa guerra, la que importaba, y las organizaciones partidarias de la izquierda de entonces eran conminadas a dirigir sus esfuerzos principales al apoyo del Bloque Socialista.  Todo intento de lucha debía tener el visto bueno de los tanques, pensantes y no, que, en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, redactaban manuales que, más que simplificar, amordazaron el desarrollo de la ciencia social.  Como si fuera en las olimpiadas, en la ciencia social se competía no por mejor entender lo que ocurría y lo que vendría, sino por más alto y más veces levantar la bandera propia, fuera la de las barras y las estrellas, fuera la de la hoz y el martillo.

  En el escenario mundial todo parecía previsible y sencillo… pero en eso llegó Fidel.  Y “la problema”, como dicen los compas, es que no llegó solo, sino que traía de la mano a un tal Camilo que en el apellido llevaba la definición; y, con ese tremendo par, llegaba también un argentino-médico-fotógrafo-asmático, sin nombre relevante en el árbol genealógico de la revolución mundial y sin cargo alguno en ninguna estructura.  Apenas unos meses después el planeta entero lo conocería con sólo tres letras: Che.

  Luego pasó lo que pasó, y la luz que iluminó el Caribe en esos primeros años de la década de los 60´s se convirtió, sin proponérselo, en un virus que contaminó el continente.  Después de un largo calendario de derrotas en ese dolor llamado Latinoamérica, un pueblo entero se organizaba y cambiaba de destino y extendía su nombre.

  Desde la fracasada invasión mercenaria con patrocinio norteamericano, Cuba se llamó Fidel y Fidel Castro tuvo a “Cuba” como apellido de resistencia y rebeldía, de lucha.

  El país más pequeño, el más despreciado, el más humillado, se levantaba y, con su acción organizada, cambiaba la geografía mundial.

  El estadista que el pueblo cubano puso al frente, en unos cuantos años prácticamente borró a los demás “líderes mundiales” y, como debe de ser, en torno a su figura se convocaron los extremos: los pocos para adular, los más para atacar.

  Sólo unos cuantos miraron y aprendieron que algo nuevo había surgido y que la revolución cubana no sólo había roto el dominio que sobre la América entera imponía el imperio de las barras y la estrellas, el “norte revuelto y brutal”.

  También había hecho pedazos la ya entonces acartonada teoría social que era pastoreada por los comisarios que, en todo el espectro político, son la constante y nunca la excepción.

  Todavía, casi 60 años después, no falta algún viejo comisario que, “heroicamente” atrincherado en la academia y ahora con las redes sociales como arma, pretende dictarle al pueblo de Cuba lo que debe o no hacer y deshacer.

  Ajeno a las masturbaciones teóricas de la tibia academia, el pueblo de Cuba inició su largo camino de resistencia, y fue avanzando en condiciones adversas sin precedentes.

  Todavía hoy sigue padeciendo el bloqueo económico más extenso e intenso en la historia mundial.  Y no sólo, también ha resistido ataques terroristas, ha sido invadido militarmente, le ha propinado al soberbio tío Sam su primera derrota en el continente, y, con todo en contra, ha construido su propio destino.

  Pero no sólo ha recibido los ataques de la derecha mundial, también la izquierda bien portada ha arremetido contra ese pueblo, socorrida de clichés y lugares comunes que obvian no sólo la realidad cubana, también y sobre todo su heroico esfuerzo para levantarse de sus errores y fracasos.

  Con el único objetivo de hacerse agradable a la derecha, la izquierda institucional en todo el mundo ha atacado a la revolución cubana repitiendo los dichos de la derecha y siguiendo la moda en turno.

  Es tan consistente la resistencia del pueblo de Cuba, que la histeria intelectual que abunda y redunda en este roto país que se llama “México”, seguramente diría que se ha mantenido porque es una creación de Salinas, y a que es apoyada por la “mafia del poder”.

  Días después de ese relámpago de habilidad militar y convicción que le dio nuevo significado a un pequeño territorio y acomodó el nombre de “Playa Girón” en el casi vacío estante de victorias de la izquierda mundial, en aquel primero de mayo de 1961 el pueblo de Cuba decía, por la voz enronquecida de un barbón enfundado en su traje verde olivo de combate, las siguientes palabras:

 “Si a Mr. Kennedy no le gusta el socialismo, bueno, a nosotros no nos gusta el imperialismo, a nosotros no nos gusta el capitalismo.  Tenemos tanto derecho a protestar de la existencia de un régimen imperialista y capitalista a 90 millas de nuestras costas, como él se puede considerar con derecho a protestar de la existencia de un régimen socialista a 90 millas de sus costas.

  Ahora bien, a nosotros no se nos ocurriría protestar de eso, porque eso es una cuestión que les incumbe a ellos, una cuestión que le incumbe al pueblo de Estados Unidos.  Sería absurdo que nosotros pretendiéramos decirle al pueblo de Estados Unidos qué régimen de gobierno es el que debe tener, porque en ese caso nosotros consideraríamos que Estados Unidos no es un pueblo soberano y que nosotros tenemos derecho sobre la vida interior de Estados Unidos.

  El derecho no lo da el tamaño, el derecho no lo da el que un pueblo sea mayor que otro, ¡eso no importa!  Nosotros no tenemos sino un territorio pequeño, un pueblo pequeño, pero nuestro derecho es un derecho tan respetable como el de cualquier país, cualquiera que sea su tamaño.  A nosotros no se nos ocurre decirle al pueblo de Estados Unidos qué régimen de gobierno debe tener.  Luego es absurdo que al señor Kennedy se le ocurra decir qué régimen de gobierno es el que quiere que nosotros tengamos aquí, porque es una cosa absurda; eso nada más se le ocurre al señor Kennedy, porque no tiene un concepto claro de lo que es la ley internacional y la soberanía de los pueblos.

  El texto sigue con una extensa reflexión sobre la ciencia social y el pensamiento crítico.  Pero me detengo ahora señalando que bien puede usted intercambiar el nombre de “Kennedy” por el de “Trump” y verá que en esas palabras había no una declaración coyuntural, sino una declaración de principios.

  Detuve la lectura y miré entonces el reloj de arena.

  Se me ocurrió que tal vez no es cualquier arena la que contiene.  Y tal vez no es cualquiera porque esta arena tal vez viene de una playa reiterada en la historia de lucha y resistencia de la humanidad contra el capitalismo.

  Tal vez la arena que fluye de uno a otro lado de este reloj, viene de un lugar del continente americano y su geografía la ancla en una isla que se estira en el Caribe, como caimán rebelde que se niega a ser sometido y por eso endurece la piel y la mirada.

 Tal vez, se me ocurre ahora, la arena de este reloj de arena es arena de Playa Girón, que así se llama esa grieta en el muro del Capital y que, con su persistencia, nos enseñó a todos que el grande y poderoso puede ser derrotado por el pequeño y débil cuando hay resistencia organizada, necio empeño y horizonte.

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  Déjenme decirles que el finado SupMarcos, y no sólo él, sentía una gran admiración por el pueblo de Cuba y un profundo respeto por Fidel Castro Ruz.

  En aquella plática informal que tuvimos horas antes de su muerte, la palabra recaló en el tema militar.  Me contó que él consideraba que la historia militar de lucha de los pueblos era poco conocida.  Se refirió entonces a la llamada Batalla de Zacatecas y a la Toma de Ciudad Juárez, ambas conducidas por Francisco Villa.  Me contó que él tomo prestada la concepción que implementó el General Villa para tomar Ciudad Juárez y con ella diseñó el inicio del alzamiento.  “Para la batalla de Zacatecas no me faltaba caballería”, dijo bromeando, “sino planada”.

  En lo internacional, contra el común de la izquierda, su referencia no era la batalla de Leningrado, sino la Batalla de Santa Clara, conducida por el Che, la de Cuito Cuanabale que dirigió Fidel Castro, y la de Playa Girón, también comandada por Fidel Castro.

  Aproveché para preguntarle por qué, siempre que nombraba a Fidel Castro, no decía “Comandante” si toda la izquierda latinoamericana lo hacía.  Así me respondió:

  “El que todos así lo llamaran pudiera bastar, pero no es por eso.  Nosotros somos un ejército y cuando decimos “comandante” decimos mando.  Y a nosotros no nos manda nadie, como no sean nuestros pueblos.  Pero Fidel Castro no necesita que nosotros le digamos así.  A él su pueblo le ha dado ese grado y no necesita más.”

  Se siguió contándome sobre Playa Girón y, con admiración, narraba la ocasión en que Fidel Castro discute y manotea con sus oficiales porque no lo dejan avanzar hacia Playa Girón a combatir contra los mercenarios.  “Imagínate”, me dijo riendo de buena gana, “Fidel contra todo su Estado Mayor.  Él emperrado en que quiere estar en el frente de combate y los demás en que no, que tiene qué cuidarse.  Y, ¿sabes?, Fidel Castro no argumentó que era su deber, les dijo que era su derecho.”  Encendió su pipa el finado y, después de la primera pitada la levantó como si brindara y dijo: “Por supuesto que la discusión la ganó Fidel”.

  Luego, dando por terminado el tema, añadió: “Fidel Castro es el Maradona de la política internacional.  Y nunca le van a perdonar los goles que le metió a quien se atrevió a enfrentarlo”.

  Recordé las palabras del difunto SupMarcos cuando leía sobre lo que el famélico espectro político de Latinoamérica opinó sobre la muerte de Fidel Castro.  La reiteración en la derecha, y en la izquierda bien portada, de reproches y supuestas críticas.  La derecha que nunca le perdonará las derrotas que les propinó, y la izquierda institucional que no lo absolverá de haber sido todo lo que ella, en su mediocridad, nunca llegará a ser.

  También están los mediocres que ahora dictan juicios y sentencias y simplemente no pueden explicar por qué, si era un dictador, la mayor potencia mundial no pudo organizar una rebelión popular, y optó por los atentados terroristas para anularlo.

  Lejos de la películas de ficción y series televisivas, donde los servicios secretos norteamericanos acaban con los malos armados sólo con un lapicero, fracasaron en Cuba sencillamente porque “Comandante Fidel” era el nombre, la imagen y la voz que ese pueblo tomaba para reafirmar lo que todo el tiempo y en contra de todo construía: su libertad.

  Y el dinero buscó y busca y siempre encuentra psicópatas dispuestos a vender su sed de sangre y destrucción.  Siempre encontrará a los Mas Canosa, a los Posada Carriles, aunque, en otra geografía y calendario, se llamen acá Felipe Calderón Hinojosa o como su antes esposa y ahora pretendida amasia Margara Zavala; o como Mauricio Macri en Argentina; o como Temer en Brasil, o como Leopoldo López en Venezuela.  Políticos, psicópatas y corruptos todos ellos, siempre dispuestos a que otros mueran y ellos cobren.

   Les cuento esto no sólo porque el tema toca lo pequeño que se rebela y se alza rompiendo moldes impuestos, también por lo que ahora les narro: me tocó reportarme con el Subcomandante Insurgente Moisés en una de nuestras posiciones, precisamente unos días después de la muerte de Fidel Castro.

  Cuando llegué, la insurgenta Erika me dijo sin poder contener las lágrimas: “Se murió el Fidel Cuba”.  Así dijo.  La revolución cubana tiene 58 años resistiendo contra todo, la insurgenta Erika debe andar por los veintitantos, nunca ha salido de estas tierras, aprendió el español en un campamento de montaña, batalla con las matemáticas y las palabras “duras”, y, a pesar de eso, o precisamente por todo eso, ha sintetizado en dos palabras toda una historia de lucha, de resistencia y rebeldía.

  Y vengo a hablarles de Cuba, es decir, de Fidel Castro, y de Fidel Castro, es decir, de Cuba, por la sencilla razón de que ya no hablan de él.  Tal vez porque piensan que ha muerto y, con él, la Cuba rebelde.  En lo que se refiere a Fidel Castro Ruz, sólo les decimos: “si no lo pudieron matar cuando estaba vivo, menos van a poder ahora que ha muerto”.

  Todo esto viene al caso, o cosa, según, porque es cierto, el difunto SupMarcos tenía razón: Abril también es mañana.

-*-

  Volviendo a aquella ocasión, como el tiempo se alargaba, seguí platicando con el finado SupMarcos cuando todavía no estaba finado.  El tiempo en La Realidad zapatista había entrado en ese ritmo en que parece que el día tiene prisa por irse y la noche sigue de perezosa.  Me parece que todo lo operativo de ese día 24 de mayo del 2014 lo estaba resolviendo el Subcomandante Insurgente Moisés, pues al SupMarcos nadie se le acercaba con informes o preguntas.  Como si el SubMoy estuviera haciendo todo lo posible para que el SupMarcos pasara tranquilo sus últimos minutos.

  Como seguíamos ahí, esperando, le pregunté por qué decía eso de que él era el personaje y no Durito, el Viejo Antonio y los otros seres que poblaron sus relatos.  Claro, todavía no conocía yo, ni nadie, el texto que leería la madrugada siguiente y que se titula “Entre la luz y la sombra”.

  Antes de responderme, el Sup miró ambos relojes.

  Nunca antes había hecho eso.  Siempre o consultaba uno o checaba el otro, dependiendo siempre de la situación.

  Después de confrontar ambos relojes, suspiró profundamente y me preguntó:

  “¿Qué es lo que no entiendes?”

  “Eso”, le respondí, “porque entonces ¿quién eres? o más bien ¿quién has sido?”.

  Entonces se cuadró e inclinando la cabeza, paradójicamente tratando de imitar el tono de voz de los serios y formales samuráis de Akira Kurosawa, dijo:

  “Kagemusha”.

  Y digo que paradójicamente, porque el SupMarcos bromeaba de todo y de todo se burlaba, sobre todo de sí mismo.

  Yo puse la misma cara que ustedes están poniendo ahora.

  “¿Qué diablos es eso de Kagemusha?”

  “Un señuelo”, me respondió, “un distractor, una sombra, la sombra del guerrero”.

  Entendí entonces el por qué, en sus últimos textos, había aparecido de pronto un nuevo personaje: “Sombra, el guerrero”.

  “¿Y entonces?”, pregunté porque sí.

  “Entonces nada, alguien tenía que hacerlo y a mí me tocó”.

  “¿Y entonces que vas a hacer?”, le insistí.

  “Morirme”, me respondió mientras se colocaba el pasamontañas.  Se acomodó entonces la gorra, encendió la pipa y, dirigiéndose a la guardia que resguardaba la puerta, ordenó por última vez: “Dile al SubMoy que estoy listo”

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  Viene la tormenta.

  Una y otra vez, el dinero tratará de romper la historia que importa.  Y una y otra vez, será vencido.  Como en un mes de abril de hace ya 56 años, en Playa Girón, generaciones enteras se arrancarán los juegos de un tirón y se levantarán desafiando el destino que se les impone.

  Ese día volverán a escucharse, aunque con otra voz, las palabras que el pueblo de Cuba dirigió a quienes pretendieron doblegarlo:

  “Tampoco escaparán al veredicto de la historia, que no será un simple veredicto de palabra, sino el veredicto que marca inexorable el destino de los explotadores de todo el mundo, como un reloj que le dice  “tus días están contados, el fin de tu sistema explotador se acerca“.

  Cuba pervivirá.  Los pueblos originarios pervivirán.  La humanidad pervivirá.

  Y cuando se diga “Patria”, se dirá “mundo”, se dirá “casa”, se dirá “vida”

  Cierto, no habrá relámpagos más fieros, ni tormenta más grande, pero al final, esta tierra se levantará y con ella sus mujeres, sus hombres y quienes son lo que son sin ser ni uno ni otra.

  La memoria no olvidará, pero no habrá celebraciones.

  No porque no valdrá la pena, sino porque la vida entera será entonces lo que siempre debería ser, es decir, una celebración.

  Y cuando ese mañana llegue, yo, nuevo Kagemusha nómada, sólo lamentaré no estar presente para mirarles burlón y decirles:

“Odio decir que se los dije, pero se los dije”.



Gracias, no muchas, pero siempre sí unas pocas bastantes.

SupGaleano.

Abril del 2017.


¡TODO EL PODER AL PUEBLO!

lunes, 10 de julio de 2017

Conferencia “Anarquía, Autogestión, Trabajo y Responsabilidad” por Lorenzo Morales del Noi del Sucre.

Ciudad de México. Diciembre de 2016.




¡TODO EL PODER AL PUEBLO!

LOS MUROS ARRIBA, LAS GRIETAS ABAJO (Y A LA IZQUIERDA).

Febrero del 2017.

  
La tormenta en nuestro caminar.

  Para nosotras, nosotros, pueblos originarios zapatistas, la tormenta, la guerra, lleva siglos.  Llegó a nuestras tierras con la patraña de la civilización y la religión dominantes.  En ese entonces, la espada y la cruz desangraron a nuestra gente.

  Con el paso del tiempo, la espada se modernizó y la cruz fue destronada por la religión del capital, pero se siguió demandando nuestra sangre como ofrenda al nuevo dios: el dinero.

  Resistimos, siempre resistimos.  Nuestras rebeldías fueron suplantadas en la disputa entre unos contra otros por el Poder.  Unos y otros, arriba siempre, nos demandaron luchar y morir para servirlos, nos exigieron obediencia y sometimiento bajo la mentira de liberarnos.  Como aquellos a quienes decían y dicen combatir, vinieron y vienen a mandar.  Hubo así supuestas independencias y falsas revoluciones, las pasadas y las por venir.  Los de arriba se turnaron y se turnan, desde entonces, para mal gobernar o para aspirar a hacerlo.  Y en calendarios pasados y presentes, su propuesta sigue siendo la misma: que nosotras, nosotros, pongamos la sangre; mientras ellos dirigen o simulan dirigir.

  Y antes y ahora, olvidan ellos que no olvidamos.

  Y siempre la mujer abajo, ayer y hoy.  Incluso en lo colectivo que fuimos y somos.

  Pero los calendarios no sólo trajeron dolor y muerte para nuestros pueblos.  Al expandir su dominio, el Poder creó nuevas hermandades en la desgracia.  Vimos entonces al obrero y al campesino hacerse uno con nuestro dolor, y yacer bajo las cuatro ruedas del carromato mortal del Capital.

  Conforme avanzó el Poder en su paso por el tiempo, más y más crecía el abajo, ensanchando la base sobre la que el Poder es Poder.  Vimos entonces sumarse a maestros, estudiantes, artesanos, pequeños comerciantes, profesionistas, los etcéteras con nombres diferentes pero idénticos pesares.

  No bastó.  El Poder es un espacio exclusivo, discriminatorio, selecto.  Entonces las diferencias fueron también perseguidas abiertamente.  El color, la raza, el credo, la preferencia sexual, fueron expulsadas del paraíso prometido, siendo que el infierno fue su casa permanente.

  Les siguieron la juventud, la niñez, la ancianidad.  El Poder convirtió así a los calendarios en materia de persecución.  Todo el abajo es culpable: por ser mujer, por ser niñ@, por ser joven, por ser adulto, por ser ancian@, por ser human@.

  Pero, al expandir la explotación, el despojo, la represión y la discriminación, el Poder también amplió las resistencias… y las rebeldías.

  Vimos entonces, y ahora, levantarse la mirada de muchas, muchos, muchoas.  Diferentes pero semejantes en la rabia y la insumisión.

  El Poder sabe que sólo es lo que es sobre quienes trabajan.  Los necesita.

  A cada rebelión respondió y responde comprando o engañando a los menos, encarcelando y asesinando a los más.  No teme sus demandas, es su ejemplo el que le causa horror.

  No bastó.  De dominar naciones, el Poder del Capital buscó poner a la humanidad entera bajo su pesado yugo.

  Tampoco fue suficiente.  El Capital pretende ahora manejar a la naturaleza, domarla, domesticarla, explotarla.  Es decir, destruirla.

  Siempre con la guerra, en su avance destructor el Capital, el Poder, demolió primero feudos y reinos.  Y sobre sus ruinas levantó naciones.

  Luego devastó naciones, y sobre sus escombros erigió el nuevo orden mundial: un gran mercado.

  El mundo entero se convirtió en un inmenso almacén de mercancías.  Todo se vende y se compra: las aguas, los vientos, la tierra, las plantas y los animales, los gobiernos, el conocimiento, la diversión, el deseo, el amor, el odio, la gente.

  Pero en el gran mercado del Capital no sólo se intercambian mercancías.  La “libertad económica” es sólo un espejismo que simula acuerdo mutuo entre quien vende y quien compra.  En realidad, el mercado se basa en el despojo y la explotación.  El intercambio es entonces de impunidades.  La justicia se transformó en una caricatura grotesca y en su balanza siempre pesa más el dinero que la verdad.  Y la estabilidad de esa tragedia llamada Capitalismo depende de la represión y el desprecio.

  Pero no bastó tampoco.  Dominar en el mundo material no es posible si no se domina en las ideas.  La imposición con religiones se profundizó y alcanzó a las artes y las ciencias.  Como modas de vestir, surgieron y surgen filosofías y creencias.  Las ciencias y las artes dejaron de ser lo distintivo de lo humano y se acomodaron en un estante del supermercado mundial.  El conocimiento pasó a ser propiedad privada, lo mismo que la recreación y el placer.

 El Capital, así, se consolidó como una gran máquina trituradora, usando ya no sólo a la humanidad entera como materia prima para producir mercancías, también a los conocimientos, a las artes, … y a la naturaleza.

  La destrucción del planeta, los millones de desplazados, el auge del crimen, el desempleo, la miseria, la debilidad de los gobiernos, las guerras por venir, no son producto de los excesos del Capital, o de una conducción errónea de un sistema que prometió orden, progreso, paz y prosperidad.

  No, todas las desgracias son la esencia del sistema.  De ellas se alimenta, a costa de ellas crece.

  La destrucción y la muerte son el combustible de la gran máquina del Capital.

  Y fueron, son y serán inútiles los esfuerzos por “racionalizar” su funcionamiento, por “humanizarlo”.  Lo irracional y lo inhumano son sus piezas claves.  No hay arreglo posible.  No lo hubo antes.  Y ahora ya tampoco se puede atenuar su paso criminal.

  La única forma de detener la máquina es destruirla.

  En la guerra mundial actual, la disputa es entre el sistema y la humanidad.

  Por eso la lucha anticapitalista es una lucha por la humanidad.

  Quienes todavía pretenden “arreglar” o “salvar” al sistema, en realidad nos proponen el suicidio masivo, global, como sacrificio póstumo al Poder.

  Pero en el sistema no hay solución.

  Y no bastan ni el horror, ni la condena, ni la resignación, ni la esperanza en que ya pasó lo peor y las cosas no harán sino mejorar.

  No.  Lo cierto es que se va poner peor.

  Por esas razones, más las que cada quien agregue de sus particulares calendarios y geografías, es que hay que resistir, hay que rebelarse, hay que decir “no”, hay que luchar, hay que organizarse.

  Por eso hay que levantar el viento de abajo con resistencia y rebeldía, con organización.

  Sólo así podremos sobrevivir.  Sólo así será posible vivir.

  Y sólo entonces, como fue nuestra palabra hace 25 años, podremos ver que…

“Cuando amaine la tormenta,

 cuando la lluvia y fuego dejen en paz otra vez la tierra,

 el mundo ya no será el mundo, sino algo mejor.”

-*-

La guerra y los muros de afuera y de adentro.

  Si antes el sufrimiento causado por la guerra era patrimonio exclusivo del abajo mundial, ahora ensancha sus calamidades.

  Sobre cada rincón del planeta, el odio y el desprecio pretenden destruir familias, comunidades enteras, naciones, continentes.  No es necesario ya haber cometido un delito o ser presunto criminal, basta ser sospechoso de ser humano.

  Provocada por la codicia del gran dinero, la pesadilla actual pretende ser cobrada a quienes la padecen.  Las fronteras ya no sólo son líneas punteadas en los mapas y garitas aduanales, ahora son murallas de ejércitos y policías, de cemento y ladrillos, de leyes y persecuciones.  En todo el mundo de arriba, la caza del ser humano se incrementa y se festina en competencias clandestinas: gana quien más expulse, encarcele, confine, asesine.

  Como llevamos diciendo desde hace más de 20 años, la globalización neoliberal no trajo el surgimiento de la aldea planetaria, sino la fragmentación y disolución de los llamados “Estados-nación”.  Llamamos entonces, y ahora, a ese proceso con el nombre que mejor lo describe: “guerra mundial” (la cuarta, según nosotr@s).

  Lo único que se mundializó fue el mercado y, con él, la guerra.

  Para quienes hacen funcionar las máquinas y hacen nacer a la tierra, las fronteras siguieron y siguen siendo lo que siempre han sido: cárceles.

  Nuestra afirmación provocó entonces, hace dos décadas, sonrisas burlonas de la intelectualidad internacional encadenada a viejos y caducos dogmas.  Y esos mismos hoy tartamudean ante una realidad frenética, y, o ensayan viejas recetas, o se mudan a la idea de moda que, tras una compleja elaboración teórica, esconde lo único verdadero: no tienen ni la más remota idea de lo que pasa, ni de lo que sigue, ni de lo que antecedió a la pesadilla actual.

  Se lamentan.  El pensamiento de arriba les prometió un mundo sin fronteras, y su resultado es un planeta atiborrado de trincheras chovinistas.

  El mundo no se transformó en una gigantesca megalópolis sin fronteras, sino en un gran mar sacudido por una tempestad que no tiene precedentes de igual magnitud.  En él, millones de desplazados (a quienes, con rubor mediático, se les unifica bajo el nombre de “migrantes”) naufragan en pequeñas barcas, esperando ser rescatados por el gigantesco navío del gran Capital.

  Pero no sólo no lo hará; él, el gran Capital, es el principal responsable de la tormenta que amenaza ya la existencia de la humanidad entera.

  Con el torpe disfraz del nacionalismo fascista, los tiempos del oscurantismo más retrógrada vuelven reclamando privilegios y atenciones.  Cansado de gobernar desde las sombras, el gran Capital desmonta las mentiras de la “ciudadanía” y la “igualdad” frente a la ley y el mercado.

  La bandera de “libertad, igualdad y fraternidad” con la que el capitalismo vistió su paso a sistema dominante en el mundo, es ya sólo un trapo sucio y desechado en el basurero de la historia de arriba.

  Al fin el sistema se desemboza y muestra sus verdaderos rostro y vocación.  “Guerra siempre, guerra en todas partes”, reza el emblema del soberbio buque que navega en un mar de sangre y mierda.  Es el dinero y no la inteligencia artificial la que combate a la humanidad en la batalla decisiva: la de la supervivencia.

  Nadie está a salvo.  Ni el ingenuo capitalista nacional, que soñaba con la bonanza que le ofrecían los mercados mundiales abiertos, ni la conservadora clase media sobreviviendo entre el sueño de ser poderosa y la realidad de ser rebaño del pastor en turno.

  Y ni hablar de la clase trabajadora del campo y la ciudad, en condiciones más difíciles si posible fuera.

  Y, para completar la imagen apocalíptica, millones de desplazados y migrantes agolpándose en las fronteras que, de pronto, se volvieron tan reales como los muros que, a cada paso, interponen gobiernos y criminales.  En la geografía mundial de los medios de comunicación y las redes sociales, los desplazados, fantasmas errantes sin nombre ni rostro, apenas son un número estadístico que muta su ubicación.

  ¿El calendario?  Apenas un día después de la promesa del fin de la historia, de la solemne declaración de la supremacía de un sistema que otorgaría bienestar a quien trabajara, de la victoria sobre el “enemigo comunista” que pretendía coartar la libertad, imponer dictaduras y generar pobreza, de la eternidad prometida que anulaba todas las genealogías.  El mismo calendario que anunciaba apenas ayer que la historia mundial recién empezaba.  Y resulta que no, que todo no era sino el preludio de la más espantosa pesadilla.

  El capitalismo como sistema mundial colapsa, y, desesperados, los grandes capitanes no atinan a dónde ir.  Por eso se repliegan a sus guaridas de origen.

  Ofrecen lo imposible: la salvación local contra la catástrofe mundial.  Y la pamplina se vende bien entre una clase media que se difumina con los de abajo en sus ingresos, pero pretende suplir sus carencias económicas con refrendos de raza, credo, color y sexo.  La salvación de arriba es anglosajona, blanca, creyente y masculina.

  Y ahora, quienes vivían de las migajas que caían de las mesas de los grandes capitales, ven desesperados cómo también contra ellos se levantan los muros.  Y, el colmo, pretenden encabezar la oposición a esa política guerrera.  Así vemos a la derecha intelectual hacer gestos de contrariedad e intentar tímidas y ridículas protestas.  Porque no, la globalización no fue el triunfo de la libertad.  Fue y es la etapa actual de la tiranía y la esclavitud.

  Las Naciones ya no lo son, aunque aún no se hayan percatado de ello sus respectivos gobiernos.  Sus banderas y emblemas nacionales lucen raídos y descoloridos.  Destruidos por la globalización de arriba, enfermos por el parásito del Capital y con la corrupción como única señal de identidad, con torpe premura los gobiernos nacionales pretenden resguardarse a sí mismos e intentar la reconstrucción imposible de lo que alguna vez fueron.

  En el compartimento estanco de sus murallas y aduanas, el sistema droga a la medianía social con el opio de un nacionalismo reaccionario y nostálgico, con la xenofobia, el racismo, el sexismo y la homofobia como plan de salvación.

  Las fronteras se multiplican dentro de cada territorio, no sólo las que pintan los mapas.  También y, sobre todo, las que levantan la corrupción y el crimen hecho gobierno.

  La bonanza posmoderna no era sino un globo inflado por el capital financiero.  Y vino la realidad a pincharla: millones de desplazados por la gran guerra llenan las tierras y las aguas, se amontonan en las aduanas y van haciendo grietas en los muros hechos y por hacer.  Alentados antes por el gran Capital, los fundamentalismos encuentran tierra fértil para sus propuestas de unificación: “del terror nacerá un solo pensamiento, el nuestro”.  Después de ser alimentada con dólares, la bestia del terrorismo amenaza la casa de su creador.

  Y, lo mismo en la Unión Americana, que en la Europa Occidental o en la Rusia neo zarista, la bestia se retuerce e intenta protegerse a sí misma.  Encumbra ahí (y no sólo ahí) a la estupidez y la ignorancia más ramplonas y, en sus figuras gobernantes, sintetiza su propuesta: “volvamos al pasado”.

  Pero no, América no volverá a ser grande de nuevo.  Nunca más.  Ni el sistema entero en su conjunto.  No importa qué hagan los de arriba.  El sistema llegó ya al punto de no retorno.

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Contra el Capital y sus muros: todas las grietas.

  La ofensiva internacional del Capital en contra de las diferencias raciales y nacionales, promoviendo la construcción de muros culturales, jurídicos y de cemento y acero, busca reducir más aún el planeta.  Pretenden crear así un mundo donde sólo quepan los que arriba son iguales entre sí.

  Sonará ridículo, pero así es: para enfrentar la tormenta el sistema no busca construir techos para guarecerse, sino muros detrás de los cuales esconderse.

  Esta nueva etapa de la guerra del Capital en contra de la Humanidad debe enfrentarse sí, con resistencia y rebeldía organizadas, pero también con la solidaridad y el apoyo a quienes ven atacadas sus vidas, libertades y bienes.

  Por eso:

  Considerando que el sistema es incapaz de frenar la destrucción.

  Considerando que, abajo y a la izquierda, no debe haber cabida para el conformismo y la resignación.

  Considerando que es momento de organizarse para luchar y es su tiempo de decir “NO” a la pesadilla que desde arriba nos imponen.

LA COMISIÓN SEXTA DEL EZLN Y LAS BASES DE APOYO ZAPATISTAS CONVOCAMOS:

I.- A la campaña mundial:

Frente a los muros del Capital:

la resistencia, la rebeldía, la solidaridad y el apoyo de abajo y a la izquierda.

  Con el objetivo de llamar a la organización y la resistencia mundial frente a la agresividad de los grandes dineros y sus respectivos capataces en el planeta, y que aterroriza ya a millones de personas en todo el mundo:

  Llamamos a organizarse con autonomía, a resistir y rebelarse contra las persecuciones, detenciones y deportaciones.  Si alguien se tiene que ir, que sean ellos, los de arriba.  Cada ser humano tiene derecho a una existencia libre y digna en el lugar que mejor le parezca, y tiene el derecho a luchar para seguir ahí.  La resistencia a las detenciones, desalojos y expulsiones son un deber, así como deber es apoyar a quienes se rebelan contra esas arbitrariedades SIN IMPORTAR LAS FRONTERAS.

  Hay que hacerle saber a toda esa gente que no está sola, que su dolor y su rabia es vista aún a la distancia, que su resistencia no es sólo saludada, también es apoyada así sea con nuestras pequeñas posibilidades.

  Hay que organizarse.  Hay que resistir.  Hay que decir “NO” a las persecuciones, a las expulsiones, a las cárceles, a los muros, a las fronteras.  Y hay que decir “NO” a los malos gobiernos nacionales que han sido y son cómplices de esa política de terror, destrucción y muerte.  De arriba no vendrán las soluciones, porque ahí se parieron los problemas.

  Por eso llamamos a la Sexta en su conjunto a que se organice, según su tiempo, modo y geografía, para apoyar en y con actividades a quienes resisten y se rebelan contra las expulsiones.  Sea apoyándolos para que regresen a sus hogares, sea creando “santuarios” o apoyando los ya existentes, sea con asesorías y apoyos legales, sea con paga, sea con las artes y las ciencias, sea con festivales y movilizaciones, sea con boicots comerciales y mediáticos, sea en el espacio cibernético, sea donde sea y como sea.  En todos los espacios donde nos movamos es nuestro deber apoyar y solidarizarnos.

  Llegó el momento de crear comités de solidaridad con la humanidad criminalizada y perseguida.  Hoy, más que nunca antes, su casa es también nuestra casa.

  Como zapatistas que somos, nuestra fuerza es pequeña y, aunque es amplio y hondo nuestro calendario, nuestra geografía es limitada.

  Por eso y para apoyar a quienes resisten a las detenciones y deportaciones, desde hace varias semanas la Comisión Sexta del EZLN ha iniciado contactos con individu@s, grupos, colectivos y organizaciones adherentes a la Sexta en el mundo, para ver el modo de hacerles llegar una pequeña ayuda de modo que les sirva como base para lanzar o continuar toda suerte de actividades y acciones a favor de l@s perseguid@s.

  Para iniciar, les enviaremos las obras artísticas creadas por l@s indígenas zapatistas para el CompArte del año pasado, así como café orgánico producido por las comunidades indígenas zapatistas en las montañas del sureste mexicano, para que, con su venta, realicen actividades artísticas y culturales para concretar el apoyo y la solidaridad con los migrantes y desplazados que, en todo el mundo, ven amenazadas su vida, libertad y bienes por las campañas xenofóbicas promovidas por los gobiernos y la ultra derecha en el mundo.

  Eso por lo pronto.  Ya iremos ideando nuevas formas de apoyo y solidaridad.  Las mujeres, hombres, niños y ancianos zapatistas no les dejaremos sol@s.

II.- Invitamos también a toda la Sexta y a quien se interese, al seminario de reflexión crítica “LOS MUROS DEL CAPITAL, LAS GRIETAS DE LA IZQUIERDA” a celebrarse los días del 12 al 15 de abril del 2017, en las instalaciones del CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.  Participan:



Don Pablo González Casanova.
María de Jesús Patricio Martínez (CNI).

Paulina Fernández C.

Alicia Castellanos.

Magdalena Gómez.

Gilberto López y Rivas.

Luis Hernández Navarro.

Carlos Aguirre Rojas.
Arturo Anguiano.

Sergio Rodríguez Lascano.

Christian Chávez (CNI).

Carlos González (CNI).

Comisión Sexta del EZLN.



Próximamente daremos más detalles.

III.- Convocamos a tod@s l@s artistas a la segunda edición del “CompArte por la Humanidad” con el tema: “Contra el Capital y sus muros: todas las artes” a celebrarse en todo el mundo y en el espacio cibernético.  La parte “real” será en fechas del 23 al 29 de julio del 2017 en el caracol de Oventik y el CIDECI-UniTierra.  La edición virtual será del 1 al 12 de agosto del 2017 en la red.  Próximamente daremos más detalles.

IV.- También les pedimos estar atent@s a las actividades a las que convoque el Congreso Nacional Indígena, como parte de su proceso propio de conformación del Concejo Indígena de Gobierno.

V.- Convocamos a l@s científic@s del mundo a la segunda edición del “ConCiencias por la Humanidad” con el tema: “Las ciencias frente al muro”.  A celebrarse del 26 al 30 de diciembre del 2017 en el CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, y en el espacio cibernético.  Próximamente daremos más detalles.

No es todo.  Hay que resistir, hay que rebelarse, hay que luchar, hay que organizarse.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.



Subcomandante Insurgente Moisés.    Subcomandante Insurgente Galeano.


México, febrero 14 (también día de nuestr@s muert@s) del 2017.


¡TODO EL PODER AL PUEBLO!

Acto de desagravio por la acción vandálica contra el fotomural exterior del Museo Casa de la Memoria Indómita.



¡TODO EL PODER AL PUEBLO!